CLAVES DE LA AUTOCONSTRUCCIÓN. EL EQUILIBRIO CON LA ARQUITECTURA

La autoconstrucción como sustituto absoluto a la arquitectura es como querer entender un cuerpo humano sin estructura ósea. Ambos elementos, ambos sistemas, deben ser solidarios. Al igual que el esqueleto proporciona una base estructurante que permite la conformación morfológica del ser humano, la arquitectura debe suponer el manual y directriz de la autoconstrucción.

Autoconstruir, la simple acción en sí misma, es posible y podría considerarse efectiva si respondiese a los siguientes parámetros o claves:

-Surgir de manera natural, como respuesta a una necesidad vital.
-Desarrollarse con procedimientos simples, herramientas no complejas y materiales comunes.
-Eliminar, en lo posible, los procesos constructivos húmedos, tales como albañilería, revestimientos,…
-Resultar un proceso económico.

El efecto de responder a estas claves supondría únicamente construcción, que no es poco, pero resultaría un mero acopio o superposición de materiales. Manejar esos parámetros y conseguir como resultado un componente, un verdadero eslabón, de un sistema estructurante que genere ciudad y se comprometa con el crecimiento futuro de la misma con garantías, solo es posible si dicha autoconstrucción se plantea desde la base de las reflexiones arquitectónicas, aquellas con capacidad para integrar y equilibrar el dúo ciudad – ciudadano.

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Es preciso y justo destacar que ejemplos de pura autoconstrucción tales como los conocidos Slums o las Favelas funcionan como sistemas eficientes, pero tan solo como unidades independientes, cerradas e incluso segregadas de las ciudades. Funcionan para sí mismas, y lo hacen bien, pero han quedado estigmatizadas por su propia conformación. Responden solo a construcción. No a arquitectura. Ciertamente, otros temas a analizar serían los motivos políticos y socioeconómicos que llevaron a estos sistemas a tener que conformarse de dicha manera.

Lo que Active Arquitectos plantea es que, únicamente desde el equilibrio creado por una autoconstrucción que se apoye en bases arquitectónicas, el usuario podrá contribuir verdaderamente a la ciudad; y por ende la arquitectura será capaz de estar no solo al servicio de la ciudad sino también del ciudadano y sus intereses.

Para explicar este razonamiento nos valemos de las reflexiones y trabajo de dos arquitectos escasamente coetáneos y de muy diferente procedencia: Walter Segal (Berlín – Almenia, 1907) y Alejandro Aravena (Santiago – Chile. 1967). El óptimo resultado de la experimentación llevada a cabo en esta línea a través de sus correspondientes estudios y experiencias profesionales así lo constata.

En el caso de Segal (afincado en Reino Unido desde temprana edad), éste posibilitó la autoconstrucción de viviendas con un bajo coste de inversión, siendo eficaces y personalizables. Ésto, siempre y cuando se usase de manera asesorada su acertada y cuidadosa sistemática de construcción fundamentada en Timber Frame (estructura base de madera) y unos concretos materiales de fácil suministro.

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Se generaba así arquitectura partiendo de una autoconstrucción asesorada. De este modo se organizaron barrios y se hizo ciudad, tal es así que son centenares de viviendas las que se siguen usando a día de hoy en Reino Unido y que fueron autoconstruidas según su método.

En lo que se refiere a Aravena, su concepción de vivienda progresiva e incremental, lleva asociada en gran medida labores de integración social y de participación en el proceso creativo por parte de los propios ciudadanos, ya que permite al morador ampliar su vivienda de acuerdo a sus necesidades y posibilidades económicas. En unos de sus proyectos más conocidos propuso dividir la construcción y el crecimiento de la vivienda en dos partes. Una unidad básica de habitabilidad, que lleva un mayor grado de complejidad técnica, construida en una primera fase por profesionales y la otra en cambio, construida posteriormente por la familia, que permite ampliar la vivienda de acuerdo a sus necesidades y posibilidades económicas. El conjunto final resulta ser la autoexpresión individual de cada unidad familiar. Esta sistemática o metodología favorece al promotor público o privado (según sea el caso) a reducir el costo de las unidades y por tanto querer invertir, ya que éste tan sólo construye la unidad básica y deja prevista la infraestructura necesaria para la posible construcción futura complementaria.

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La sistemática presentada genera verdaderos barrios, no solo en el hecho propio de la edificación sino de la concienciación de sociedad, al implicar a todos los ciudadanos en la ejecución de sus viviendas; las cuales no se generan como unidades independientes, sino como conjuntos de ellas lo que además reduce los costes de urbanización.

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Este conjunto de medidas estratégicas permiten que dichos barrios se ubiquen en zonas fácilmente conectadas con el transporte público, permitiendo así a sus residentes el acceso a los servicios sociales y al mercado de trabajo.

Si por un lado estos procesos resuelven adecuadamente cuestiones, por otro lado se abre, o por lo menos no se cierra, el debate sobre la calidad arquitectónica del artefacto.

Es por ello que terminamos este artículo planteándonos la pregunta de si esta plena libertad en la autoconstrucción no debería tener un seguimiento técnico-arquitectónico hasta la finalización de la obra. En otras palabras, cuál es el momento donde la responsabilidad del arquitecto termina para no solo asegurar una adecuada calidad material y espacial de la arquitectura, sino también cumplir con nuestro deber y compromiso con la sociedad.

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